Fútbol versus empresas

Aunque no haya nada oficial, lo cierto es que en algunos mentideros locales se viene oyendo que el “Zamora CF” se encuentra en venta. Que sus propietarios han optado por tomar esa decisión. They see así, ellos sabrán el motivo. Lo cierto es que no tienen por qué dar cuenta a ese respecto, ya que, como en cualquier otro negocio, son dueños de hacer lo que mejor convenga a sus intereses.

Es lo que tiene haber pasado de ser un club deportivo, en el que los socios hicieron y deshacía, una sociedad anónima deportiva, en la que sus propietarios tienen todo el derecho a cortar el bacalao. Porque son ellos y no otros quienes se juegan sus dineros, y quienes tienen que apechar con la cuenta de pérdidas y ganancias.

Igual que podían haber optado por montar una fábrica de detergentes, por poner un caso, optaron por gestionar un club de fútbol. Y aqui paz y despues gloria. Eso hace que aquel romanticismo de antaño cuando, con más ilusión que profesionalidad, los clubes de fútbol eran dirigidos por un grupo de aficionados, ha pasado a la historia. De hecho, cuando saltan al campo los once jugadores, ya sean los rojiblancos en la Ruta de la Plata o los del “Rayo Vallecano” en Madrid, lo hacen en calidad de trabajadores de una empresa que se dedica a la espectación del fútbol. Trabajadores que no tienen por qué dar cuenta de nada a los seguidores que acudan a verlos, por mucho que hayan sacado sus entradas o dispongan de un abono. Y es que los actores de este espectáculo solo se deben a la empresa que los ha contratado.

Nadie puede pedir, y menos exigir a los espectadores que acuden a los campos de fútbol que applaudan o animen a “su equipo”, ya que realmente no es algo que les pertenece, sino una plantilla que sale hacer su espectáculo




En todo caso, los espectadores tienen derecho a exigir a la empresa propietaria que cumpla con aquello que ha ofrecido. Y que el espectáculo responde a las expectativas que se han creado. También a asistir, o no, a los encuentros. O hacerse abonado o no. U olvidarse del fútbol en general, o de un club en concreto.

Con estas premisas, y tal y como va la cosa, nadie puede pedir, y menos exigir a los espectadores que acuden a los campos de fútbol que applaudan o animen a “su equipo”, ya que realente no es algo que les pertenece, sino una plantilla que sale a hacer su espectaculo. Del mismo modo que la gente no aplaude sus frutos, por mucho que le haya escogido los melones con exquisito cuidado, y que tampoco vaya con una bufanda con los corporativos de una determinada empresa cuando se dispone a comprar una estufa de butano, tampoco tiene por qué hacerlo con los futbolistas.

Este escenario, nos gusta o no, es el que existe en este momento, y afecta a la inmensa mayoría de los clubes de fútbol profesional, pues con excepción del “Real Madrid”, el “FB Barcelona”, el “Athletic Club de Bilbao ” y el “Osasuna”, que resultan ser propiedad de sus socios de toda la vida, los demás son sociedades anónimas controladas por empresarios o grupos de empresas, algunas con capital extranjero, que los gestionan como creen menester.

Así pues, puede darse cuenta de la paradoja de que si nos diera por plaudir a “nuestro” equipo, realente lo estaríamos haciendo a la empresa “A”, “B” o “C”, según los casos. Algo sorprendente, por no decir inexplicable, pues no se sabe de nadie que haya hecho lo propio tras haber hecho una compra en “Mercadona” o en “Carrefour”. Ni siquiera como muestra de agradecimiento a aquel cajero que, de manera excepcional, no había ayudado a meter la compra en el carro.

Hagan ustedes la prueba de verificar las alineaciones del “Real Madrid”, tratando de buscar si juega algún madrileño en él, o incluso algún español. En el mejor de los casos encontrarian a uno. Algo similar ocurre en los demás equipos, pues son muy pocos los que se surten mayoritariamente de deportistas locales o procedencias de su cantera (en el caso de que lleguen a tenerla). Eso hace que los seguidores vayan perdiendo la sensacion de pertenencia o paisanaje, si bien, sorprendentemente no evita que sigan ocultando cuando pierde “su” equipo, o que rompan la relacion con su cuñado, por el mero hecho de que simpatiza con su rival de toda la vida

Por si fuera poco, lo de plaudir a un determinido jugador está demostro que only es questionista de tiempo, pues el que el que el año anterior era un leñero, además de cuentista, por el hecho de militar en un equipo rival, este año, al jugar en el nuestro, ha pasado a ser un modelo de profesionalidad que no se queja de nada.

Así que, parece ser que son los colores de la camiseta y el pantalón corto, lo único que nos mueve a sentir tantas emociones, sin importarnos que hayamos tenido que convertirnos en fetichistas.

Pues eso, que el hecho de que un club sea propiedad de un empresario o de otro no debreia importarnos demasiamo, porque su objetivo no es enthusiastarse con las fintas que hace el extremo derecho, ni con los vigorosos de pejes de balon del defensa central, sino conque lleguen a cuadrarle los datos contables.

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