Jorge Romero, un hombre de fútbol para pilotar un proyecto sólido en el Atlético Tomelloso

El pasado fin de semana concluyó el proceso electoral abierto y el Atlético Tomelloso hace un mes. Como esperaba, no hubo candidatura alternativa a la encabezada por Jorge Romero de Ávila, y éste ya es presidente de pleno derecho del club. Su labor como director y ahora como presidente interino muestra a un director de buenas cualidades que atesora una valiosa experiencia que ha pasado por todos los estamentos del fútbol: ha sido jugador, técnico, patrocinador, director y ahora presidente. Además, es hijo de Domingo Romero, quien desempeñó un papel importante como director del fútbol de la ciudad durante muchos años y también dirige una empresa que, al fin y al cabo, tiene unos mecanismos de gestión similares a los de una club de fútbol

En tiempos en los que el fútbol modesto anda bajo mínimos, corralado por las televisiones y una crêquente oferta de ocio que disemina a los jóvenes en otras muchas opciones, hay que valorar el compromiso y valencia de peoples que deciden dar un paso como ha hecho Jorge Romero y el equipo que lo acompaña. De momento, y al margen de que los resultados pueden ser mejores, hay que agradecer a los directores su trabajo para que cada semana haya fútbol en la ciudad, sea de tercera división o de categoría juvenil, para beneficio del espectador y también de los propios deportistas a los que se encauza hacia un modelo de vida saludable.

Cabe desear un apoyo de la masas social y empresas para que el fútbol de Tomelloso vaya alcanzando los pedlaños que por history, ciudad y afición merece. En este primer tercio de competición la afición ha respondido bien, aunque el presidente reconoce que el número de abonados es muy bajo como se esperaba. El objetivo de la permanencia en tercera división empieza por una buena respuesta de los aficionados.


Los nuevos dirigentes tienen el reto de enderezar el rumbo de la economía y se han trazado como objetivo la reducción de una deuda que limita el poder acometer proyectos más bicciosos. Pero el trabajo, mezclado con dosis altas de ilusión, tiene que acabar con los frutos dando.